Uso social del espacio público abierto: funciones y dimensiones

Uso social del espacio público abierto: funciones y dimensiones

Imagen: fragmento de grafiti de El Niño de las Pinturas en una calle de Granada.

En todas las ciudades del mundo, el uso del espacio público imprime identidad y carácter a las mismas. Pongamos como ejemplo la plaza Jemaa-el-Fna de Marrakech (Marruecos), declarada desde el año 2001 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Quienes hemos estado en ella, hemos tenido la ocasión de vivir la eclosión de sensaciones que comienzan al atardecer: aguadores, encantadores de serpientes, cuentacuentos, vendedores de zumos de naranja y otras comidas… Un sitio urbano, ya sea natural, cultural y/o patrimonial nos permite reconocer a una ciudad y el sentido que sus habitantes tienen acerca de la participación ciudadana. Tradicionalmente, los espacios públicos han sido concebidos como espacios para la expresión y la apropiación social por excelencia, donde podemos decir que se siente el pulso cotidiano del transcurrir de la vida colectiva. Pensemos en las ágoras romanas y como, desde entonces, paseamos, hablamos, sentimos y nos manifestamos en las plazas públicas. Estos espacios presentan diversidad de formas, superficie, características ambientales… en cualquier caso, caracterizados por los elementos que los rodean.
En anteriores artículos, hemos hablado de espacios patrimoniales y de aspectos a tener en cuenta para una correcta interpretación del patrimonio y de cómo dinamizarlo desde el punto de vista sociocultural. Destaquemos ahora tres funciones de los espacios urbanos ligadas a una visión ambiental y cinco dimensiones generales relacionadas con los contenidos.

Funciones desde un punto de vista medioambiental

1. Función social: ofrecer espacios destinados al paseo, la contemplación, los juegos, el contacto con la naturaleza indispensable para el desarrollo de niños y niñas y el equilibrio de las personas adultas.

2. Una función urbanística y paisajística: producir un corte, una discontinuidad, en lo posible con masa vegetal, necesaria para la oxigenación de la masa edificada. Atenuar la heterogeneidad de las construcciones con los alineamientos forestales que ponen en valor el paisaje que permiten leer y comprender la organización de la ciudad (avenidas, boulevares, ejes ferroviarios…).

3. Una función ecológica: la vegetación juega un rol irreemplazable en el vasto sistema de la ciudad; es hábitat de la fauna y actúa como reguladora del microclima urbano. Los árboles disminuyen la velocidad del viento y pueden servir de pantalla sonora llegando a reducir los ruidos de 8 a 10 decibelios por metro de espesor, en el caso de una plantación de ciertos árboles perennes. 

Dimensiones relacionadas con el contenido

María de Lourdes García Vázquez, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), nos habla de cinco dimensiones.

1. Dimensión físico-territorial.

Estamos hablando de espacios visibles, accesibles y reconocibles de uso frecuente o puntual. Esto implica que deben ser concebidos con gran capacidad de adaptación en su configuración física para que se conviertan en espacios de apropiación simbólica por grupos sociales distintos. El ámbito territorial favorecerá la relación entre las demás dimensiones.

2. Dimensión política.

El espacio público refleja la relación entre la administración pública (como propietaria jurídica del territorio) y la ciudadanía que ejerce un uso real del mismo, lo que le otorga carácter de dominio público mediante la apropiación cultural-colectiva. Este nivel de apropiación va a determinar la calificación real de espacio público más allá de las intenciones de la administración planificadora del mismo.

3. Dimensión social.

Los espacios públicos deben ser escenarios del anonimato, como base de cualquier forma verdadera de integración social ya que no obliga a justificar nuestro origen, condición social, idiosincrasia… Sin embargo, se presentan distintas relaciones de poder (relacionadas con el género, la edad, las dinámicas que se establecen…) por el control de los espacios que a veces impiden un uso equitativo de los mismos.

4. Dimensión económica.

En ocasiones, ciertos espacios públicos presentan un uso intensivo como espacio laboral, ya sea a tiempo completo (como en el Distrito Federal, según apunta María de Lourdes) o con carácter puntual (como es la experiencia del Ecomercado de Granada que se celebra en el Paseo del Violón los primeros sábados de cada mes). En general, es necesario favorecer relaciones armónicas y complementarias entre la dimensión social y la dimensión económica.

5. Dimensión cultural.

En el espacio público se expresan diversas identidades convirtiéndose en espacio de relación social, de identificación simbólica cotidiana y de expresión e integración cultural, donde debería producirse un necesario diálogo intercultural.

Ecomercado de Granada en el Paseo del Violón.

Las nuevas sociedades urbanas privilegian otros espacios de reunión, como los bares, frente a las plazas o los bulevares, como espacios de comunicación directa. Recientemente, y al calor de movilizaciones ciudadanas como el 15 M, la plaza, como espacio público al aire libre, ha retomado bastante protagonismo, basta recordar ciertas imágenes de la Puerta del Sol en Madrid, o de la popularmente conocida como Plaza de las Setas en Sevilla. En la ciudad de Granada, el nuevo proyecto de Tren de las Ciencias, ubicado en el bulevar Carlos V (junto al Palacio de Deportes), quiere ser un espacio de referencia multidisciplinar: una iniciativa privada de punto de encuentro dentro de un espacio público, frente a la proliferación de los no-lugares, como podemos denominar a los macrocentros comerciales, en palabras del antropólogo francés Marc Augé.

En palabras de Raquel Perahia, de la Universidad de Buenos Aires, “es preciso concebir el espacio urbano como el ámbito de la pluralidad en orden de construir sociedades habitadas por hombres y mujeres más que por potenciales votantes, representantes, compradores, vendedores…”. Repensar la ciudad en busca de la mejora de la calidad de los espacios públicos como espacios de la cotidianeidad. “El tratamiento de los espacios cotidianos multiplica las posibilidades de generar acciones pequeñas, diseminadas por la ciudad, con fuerte participación ciudadana, ampliando así la diversidad de soluciones, la oportunidad de acceder a esos espacios en diversos sectores de la ciudad (con equidad de oportunidades) y la mejora de la calidad ambiental del conjunto.” (intervención de R. Perahia en el IX Coloquio Internacional de Geocrítica, celebrado en 2007 en la ciudad brasileña de Porto Alegre y organizado por la Universidade Federal do Río Grande do Sul).

Una experiencia participativa como ejemplo de uso del espacio público abierto.

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