LA INCORPORACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LOS PROYECTOS SOCIALES

LA INCORPORACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LOS PROYECTOS SOCIALES

Contamos con la colaboración de la Asociación Mujeres Politólogas. Quien mejor que ellas, con muchos años de experiencia en el tema, para hablar de algo que hemos de tener presente a la hora de redactar un proyecto social, la incorporación de la perspectiva de género.

En la actualidad, la equidad de género no es una cuestión a decidir: se trata de un tema de derechos humanos y justicia social, por lo que cualquier intervención social será eficaz y tendrá calidad en la medida en que se enfoque desde una perspectiva de género.

Pero, ¿qué es la perspectiva de género? En primer lugar, es una manera especial de “mirar” el mundo que nos rodea, poniendo como centro las relaciones  de poder establecidas entre hombres y mujeres. En segundo lugar, esa mirada de género no es monopolio de las mujeres, ni está dirigida exclusivamente a ellas.  Una vez aclarados estos puntos, podemos definir la perspectiva de género como  “un  conjunto de estrategias que guía, orienta y favorece el desarrollo de la Igualdad de Oportunidades en la intervención social”, considerando sistemáticamente las diferencias entre las condiciones, situaciones y necesidades respectivas de las mujeres y de los hombres.

Así pues, la perspectiva de género no consiste solamente en analizar las diferencias entre los sexos, sino que implica enlazar estas diferencias con la situación social, económica, psicológica y política de las mujeres y los hombres en el modelo social actual. Y para ello, es básico aceptar que el género actúa como principio organizador de la estructura social, posibilitando el acceso a recursos y la distribución de los mismos de manera diferente para hombres y mujeres.

Cuando queremos llevar a cabo un proyecto con Enfoque de Género (EG), partimos de la premisa de que no existen intervenciones neutrales respecto al género, si no que cualquier intervención que realicemos en la sociedad va a impactar de manera diferente a mujeres y hombres, por lo que necesitamos contar con herramientas que nos ayuden a conocer qué impacto tiene nuestra intervención en unas y otros.

El EG en los proyectos de intervención social es una herramienta de diagnóstico que nos permite conocer mejor la situación  de las personas y sus problemas; una herramienta de intervención estratégica que nos permite adaptar las intervencio­nes y actuar para promover una mayor igualdad entre mujeres y hombres; y una herramienta de evaluación, que nos permite conocer el impacto diferencial que las intervenciones tienen sobre mujeres y hombres.

En la fase de diagnóstico se deben desagregar todos los datos por sexo, identificando las posibles brechas de género. Si bien este es un paso necesario, no es suficiente para introducir la perspectiva de género en nuestro proyecto. Debemos buscar los condicionantes de género que subyacen a las diferencias encontradas en los datos.  Podemos consultar numerosas fuentes de datos: legislación, informes, registros, investigaciones previas, etc. Debemos considerar también la importancia de hablar directamente con la población beneficiaria (entrevistas, grupos de discusión, etc), con los líderes naturales del territorio, informantes clave y personas expertas.

En el momento de formular los objetivos, debemos considerar que la población destinataria de nuestro proyecto posiblemente no sea homogénea, sino que hombres y mujeres de distintas edades tendrán necesidades y contarán con recursos diferentes. En cualquier caso, es importante formular objetivos de disminución de desigualdades por razón de género.

Al formular las líneas de acción, o actuaciones previstas, tendremos que tener presente en todo momento la situación diferencial de partida de mujeres y hombres, tratando de empoderarlas y visibilizarlas en aquellos ámbitos en los que se detecten diferencias de género. Podemos incluir acciones positivas, acciones de sensibilización en igualdad, etc.

En cuanto a las metodologías empleadas, aplicar el EG a las dinámicas sociales implica la necesidad de servirse de enfoques interdisciplinares como la sociología, el análisis histórico, la teoría política, la antropología, la psicología, etc.  Tendremos que hacer uso de métodos participativos, cuidar que el lenguaje, imágenes, documentos, contenidos y  referencias no sean sexistas, visibilizar a las mujeres implicadas o relacionadas con el proyecto.

Finalmente, durante la evaluación de nuestro proyecto tendremos que introducir, en función de los objetivos planteados, indicadores concretos para comprobar la pertinencia, eficiencia, eficacia e impacto de todas las  actividades para mujeres y para hombres y para la consecución de la igualdad de oportunidades. Los indicadores de género permiten medir la participación de mujeres y hombres y las razones de ausencia de los mismos, medir si se ha tenido en cuenta las necesidades de mujeres y hombres y si las acciones responden a ellas y medir si un proyecto afecta a los roles de género y si éstos varían en el tiempo.

 Más información en:
SENDOTU. (2010). Cuaderno de trabajo 3: Diseño de proyectos sociales desde una perspectiva de género.
Irene López Méndez. El Enfoque de Género en la intervención social. Cruz Roja; 2007.
Comisión Europea.  Manual para la Perspectiva de Género en las políticas de Empleo, Inclusión Social y Protección Social. Luxemburgo: Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, 2008.
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