Un título

Las falsas ciencias

Los pasados 6 y 7 de diciembre he tenido la ocasión de asistir a las X Jornadas de Pensamiento Crítico organizadas por la ONG acción en red en la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid).

En ellas, el título de una de las sesiones llamó poderosamente mi atención: “Las falsas ciencias”, a cargo de Javier Armentia [astrofísico, director desde 1983 del Planetario de Pamplona, miembro de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (institución dedicada al desenmascaramiento de la pseudociencia) y director de la colección ¡Vaya Timo! de la Editorial Laetoli].
Comenzó Javier con una cita de Einstein: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.” Poderosa manera de llamarnos la atención sobre el tema de la charla.
Según el Informe 2010 sobre Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en España elaborado por la Fundación Española para la Ciencia Y la Tecnología (FECYT), la actitud de los españoles ante la ciencia es de estar desinformados en un 31,6%, procientíficos moderados(29%), críticos desinformados (15,3%), procientíficos entusiastas (un 11,8%) y un 12,3% de población sin posición definida. Por grupos generacionales, el porcentaje más alto de quienes se manifiestan “muy poco interesados” (23%) lo encontramos en las personas nacidas con anterioridad a 1940; mientras que el porcentaje de las y los “muy interesados” (16%) está en quienes nacieron entre 1990 y 1995. Ante este panorama, un tanto desolador, y con actitudes muy similares entre hombres y mujeres, no es de extrañar que por el contrario tengamos la sensación de un aumento por el interés de las falsas ciencias, debido tanto a su difusión a través de medios de comunicación como a fallos de la efectividad de la educación y a actitudes de pasividad de ciertas administraciones públicas a la hora de organizar actividades para la comunidad (¿qué decir de los ayuntamientos que patrocinan charlas sobre homeopatía, por ejemplo?).

Para el filósofo Paul Kurtz, las pseudociencias o falsas ciencias son materias que “no utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones; carecen de un armazón conceptual contrastable; y afirman haber alcanzado resultados positivos, aunque sus pruebas son altamente cuestionables, y sus generalizaciones no han sido corroboradas por investigadores imparciales”.
Javier Armentia nos invitó a razonar con pruebas y para ello recurrió a James Lett, quien propuso 6 reglas para comprobar si un razonamiento que se nos presenta tiene adecuado soporte en las pruebas. Lo llamó FiLCHeRS (ladronzuelos): Falsabilidad, Lógica, Comprensibilidad, Honradez, Replicabilidad y Suficiencia (lo puedes consultar en un artículo de la página Ciencia Kanija). En base a dichas reglas, Armentia nos pregunta ¿podemos imaginar hechos o experimentos que permitan comprobar si nuestra teoría es cierta o falsa?, ¿los argumentos son sólidos, o incluyen falacias o incorrecciones lógicas?, ¿se aportan las pruebas de buena fe, se ocultan deliberadamente datos, hay posibilidad de autoengaño acaso?, ¿se han reproducido los resultados o era simplemente una casualidad?, ¿lo que se afirma es bastante para la magnitud de lo que implica?, ¿aporta las pruebas quien hace las afirmaciones?, ¿se prueban con especial cuidado las afirmaciones extraordinarias?, ¿hay algo más que anécdotas?, ¿hay un excesivo peso del argumento de autoridad? Javier Armentia arremete particularmente contra la tan de actualidad homeopatía (puedes consultar aquí una entrevista en el diario Noticias de Navarra). Hay pocas dudas sobre la falsedad de la misma ya que en 150 años se ha revisado varias veces su no eficiencia.
Astrología, Parapsicología, Grafología, Ufología, Numerología, Frenología, Criptozoología, las pulseritas del Power Balance… ¿Qué será lo próximo?

A modo de conclusión, y como apunta mi amigo Joseba Eceolaza, el pensamiento supersticioso, automático, mágico o simplemente dogmático pocas veces nos ha hecho evolucionar. Para acercarnos a la realidad no necesitamos mediadores. Tener una actitud precavida ante las certezas, ser capaces de contrastar lo que pensamos y poner en cuestión nuestras creencias es una de las bases de un pensamiento de calidad y crítico.

Esperamos vuestros comentarios.

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