Experiencias participativas: las bibliotecas humanas

Experiencias participativas: las bibliotecas humanas

En otras ocasiones hemos hablado sobre participación. Volvemos de nuevo sobre el tema a propósito de una de las experiencias participativas más interesantes: las bibliotecas humanas.

En 1993, un grupo de jóvenes de Copenhague crean la primera “biblioteca humana” con el objetivo de fomentar el diálogo frente a la violencia. Desde entonces, muchas han sido las experiencias basadas en dicha iniciativa como forma de impulsar el entendimiento mediante el intercambio de conocimientos. Universidades, bibliotecas y distintas asociaciones organizan este tipo de acción participativa para tratar sobre diferentes temas (romper estereotipos, luchar contra la exclusión social, dar a conocer campañas ciudadanas…) o sencillamente conversar.
La forma de organizar una biblioteca humana es bien sencilla: unas cuantas personas voluntarias, que son quienes se ofrecen a dialogar, unas cuantas sillas y una tela o cinta para delimitar el espacio. En la imagen se puede observar la biblioteca humana organizada en Granada por diferentes organizaciones sociales con motivo de la celebración del Día de los Derechos Humanos. Cajas de cartón forradas a modo de libros gigantes servían de reclamo para pasar a sentarse y hablar sobre diversos temas.

Vamos, como una biblioteca clásica salvo que en esta ocasión los libros son seres humanos, personas-libros que tienen la palabra y están dispuestas a contestar a las preguntas de las y los lectores, o a provocarlas si fuera necesario. Por tanto se trata de obras interactivas que mediante una metodología innovadora favorece un contacto personal, íntimo, directo con un libro hecho persona.

Si deseamos enriquecer un poquito más nuestra biblioteca humana podemos establecer la figura del bibliotecario o bibliotecaria que estarán a la entrada recepcionando a las personas lectoras y sirviendo de apoyo para los libros-persona. Si esta actividad la organizamos en un espacio al aire libre, podemos llamar la atención de viandantes mediante la organización de bailes, cantes y juegos populares. Igualmente podemos añadir una mesa por persona-libro y tomar un té o un café.  Asimismo, en el momento de la recepción se pueden entregar tarjetas de persona usuaria que tras el tiempo de conversación (se recomiendan entre 10 y 30 minutos como máximo) pueden escribir los comentarios que deseen sobre cómo han sentido esta vivencia.

Como veis, las bibliotecas humanas son experiencias participativas bastante innovadoras, interesantes y gratificantes. En palabras de Javier Valbuena, director del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, son experiencias que comparten el conocimiento y las destrezas a través del fomento de una actitud colaborativa, impulsan el voluntariado cultural, rompen los roles de expertos, descubren nuevas relaciones y proyectos y promueven el diálogo intergeneracional e intercultural. De ellas podéis encontrar bastantes ejemplos en internet. Y tú ¿has organizado o participado en una biblioteca humana? Déjanos tus comentarios. Y si te parece interesante este artículo, compártelo con tus amistades.

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