Corresponsabilidad: una asignatura pendiente

Corresponsabilidad: una asignatura pendiente

El pasado 16 de mayo, el Instituto de la Mujer publicó el tercer estudio monográfico del boletín “Mujeres en cifras” dedicado al uso del tiempo de hombres y mujeres, con especial referencia al cuidado del hogar y de la familia. Los datos no pueden ser más contundentes: suspenso en la asignatura de corresponsabilidad. Según se desprende de las encuestas realizadas, las mujeres dedican menos tiempo que los hombres a todas las categorías de actividades, excepto al cuidado del hogar y de las personas dependientes (menores y mayores). El 91,9 % de mujeres destinan una media de 4 horas y 29 minutos a esta forma de trabajo gratuita, mientras que en los hombres se reduce al 74,7% y le dedican la mitad de tiempo, 2 horas y cinco minutos. Además el 33% de las mujeres indica que asume el cuidado de menores en solitario, siendo únicamente el 2, siendo el 2,19%, en el caso de los varones encuestados.

Asimismo los datos de la Encuesta de Población Activa del año 2012 revelan que el trabajo a tiempo parcial es eminentemente femenino, con repercusiones en su salario, promoción profesional y protección social. De los 296.100 ocupados/as que trabajaron a tiempo parcial para poder cuidar a personas dependientes, la práctica totalidad fueron mujeres (287.900 frente a apenas 8.200 hombres).

No cabe duda de que estos datos evidencian que en la práctica todavía se sigue asociando maternidad y responsabilidades familiares con una responsabilidad exclusivamente de las mujeres y visibilizan la desigualdad que aún existe entre los sexos en el ámbito de la crianza y los cuidados. Es cierto que en los últimos años se han conseguido muchos avances legislativos en temas de igualdad en nuestro país, pero en el imaginario colectivo sigue existiendo la idea de que quien necesita conciliar somos fundamentalmente nosotras. Esta asociación de ideas claramente nos perjudica, no sólo en nuestro acceso al mercado laboral, sino también en lo que se refiere a la permanencia y promoción en el mismo.

Si somos responsables de los cuidados y además tenemos que hacer frente a las tareas domésticas difícilmente podrán las mujeres mejorar la empleabilidad, la permanencia en el empleo, promocionar hacia puestos de responsabilidad o podrán potenciar su nivel formativo y su adaptabilidad a los requerimientos del mercado de trabajo, que hoy más que nunca es dinámico y cambiante.

Si queremos triunfar en el trabajo, desarrollar una carrera profesional ascendente o alcanzar un puesto en alguno de los preciados Consejos de Administración del Ibex y además tener una familia y disfrutar de ella ¿qué opciones tenemos?.

Resulta curioso observar cuales son los razones que se esgrimen en cualquier foro o conversación sobre la falta de presencia de las mujeres en los puestos de responsabilidad. El argumento más utilizado es el de la capacidad y la consecuencia es que si no hay más mujeres en los puestos de responsabilidad es porque no son capaces. ¿Es posible que las mujeres no tengan talento? Difícil de creer que más de la mitad de la población no tenga aptitudes, capacidades y la formación necesaria para llegar a los puestos más altos. Según el estudio “Mujeres y Hombres en España” realizado por el Instituto Nacional de Estadística en el año 2012, en las pruebas de acceso a la universidad, las mujeres son mayoría y, además, consiguen más aprobados. El 54,1% de las y los estudiantes universitarios son mujeres y su rendimiento en los títulos de grado y máster supera en diez puntos porcentuales al de los hombres: el 71,4% frente al 61,8%.

Parece entonces que sí contamos con la suficiente materia gris, formación y cualidades para poder desempeñar puestos de responsabilidad, sin embargo la presencia femenina en los Consejos de Administración del Ibex 35 no llega al 14%, muy lejos de la cifra que recoge la Ley de Igualdad del 40%.

Si los datos académicos son tan buenos y la igualdad formal se ha logrado ¿por qué las estadísticas se empeñan en mostrarnos lo contrario?. En el caso de las mujeres no se trata sólo de acceder al mercado de trabajo en igualdad de condiciones, sino desvelar que dentro de este mercado de trabajo, además sufren otros obstáculos que no aparecen en las cifras pero que ayudan a comprenderlas.

Hay varios enemigos de la igualdad que operan como verdaderos saboteadores impidiéndonos progresar, como el llamado “techo de cristal”, esa barrea invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que nos impide seguir avanzando o con el “suelo pegajoso”, que mantiene a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica con una menor tasa de ocupación, pues la gran mayoría desarrolla trabajos en sectores feminizados, con contratos a tiempo parcial, empleos más precarios y peor remunerados, tienen mayor inestabilidad y con menores posibilidades de acceder a promoción a puestos de responsabilidad.

Pero también existe otra barrera denominada “techo de cemento”, que son las propias limitaciones que las trabajadoras se auto-imponen para poder conciliar su vida laboral y familiar. De nuevo este informe nos lo confirma, el  38,2% de las mujeres ha dejado de trabajar durante más de un año tras nacer su hijo/a, frente al 7,4% de los hombres que lo ha hecho.

No cabe duda que la división sexual del trabajo que atribuye a las mujeres la tarea de los cuidados y la socialización diferenciada hacen que desde muy pequeñas en la familia, el colegio y a través de los medios de comunicación (series, películas…) se nos inocule en nuestro disco duro nuestro rol como mujeres, orientado a satisfacer a los demás y ocuparnos de los cuidados. El mejor ejemplo de ello es la diferencia en el permiso de paternidad y maternidad, las mujeres disfrutan de 16 semanas y los hombres sólo de 2. Este primer pistoletazo de salida ya nos delimita y señala cual es nuestra función principal.

También nos enseñan que las competencias de las mujeres se valoran y cotizan muy por debajo de las masculinas, con la repercusión que tiene todo ello en nuestro futuro profesional.

El camino para aupar a las mujeres a los máximos puestos de responsabilidad en las empresas promete ser complicado. Si no que se lo pregunten a Pilar Albiac la única mujer que forma parte de la alta dirección de la empresa Airbus/EADS. En una entrevista que concedió al diario El País en 2011 recordaba que en sus primeras responsabilidades de dirección tenía que comportarse como un hombre y matar su parte más humana, la emocional. Tuvo que demostrar que valía tres veces más que un hombre para tener la misma consideración que sus colegas y concluye diciendo que a igualdad de rendimiento a las mujeres siempre se nos ha valorado menos.

El mensaje parece claro, si queremos triunfar en un mundo de hombres tenemos que esconder todos esos atributos que nos han enseñado desde pequeñas y demostrar nuestra valía por triplicado, mientras que a ellos, por ser varones se les atribuye naturalmente.

Ante este panorama desigual desde la FMP abogamos por la CORRESPONSABILIDAD, entendida como la distribución equilibrada de las tareas domésticas, su organización y el cuidado, la educación, el afecto de las personas dependientes, con el fin de distribuir justamente los tiempos de vida de mujeres y hombres. Única opción viable para conseguir que las mujeres tengan una mayor y mejor presencia en el mercado de trabajo. Es fundamental que los hombres se impliquen en las responsabilidades familiares, domésticas y de cuidado, así como en la crianza de sus hijas e hijos desde el mismo momento en que nacen. Además es fundamental para la transmisión de valores sin sesgo de género, en tanto en cuanto los niños/as no ven esas atribuciones diferenciadas entre sus progenitores, lo que contribuye a que poco a poco se vayan eliminando las desigualdades que aún hoy persisten entre mujeres y hombres.

Una sociedad en donde las mujeres son fundamentalmente las responsables de los cuidados no es una sociedad igualitaria. Sin corresponsabilidad no habrá verdadera igualdad, y es la única vía para que el reparto del tiempo entre los dos sexos sea equilibrado y tanto hombres como mujeres tengamos las mismas oportunidades de promoción en el empleo.

Sólo así conseguiremos soltar amarras y dejaremos de seguir sacando brillo a nuestras cadenas como decía la gran Mary Wollstonecraft.

Yolanda Fernández Vargas

Directora Gerente Federación de Mujeres Progresistas

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