Actividades Culturales y Transformación Social

Actividades Culturales y Transformación Social

Imagen: montaje de la exposición “Mali, la vida en torno al río” en la Casa de la Cultura del municipio granadino de Cúllar Vega.

Estamos a comienzos de curso y en la mayoría de municipios habrán dado comienzo (o lo estarán haciendo en estas fechas) una serie de actividades culturales organizadas por los departamentos de cultura de los distintos ayuntamientos, o a iniciativa de distintas asociaciones privadas.

En el reciente V Congreso Internacional Virtual de Animación Sociocultural organizado por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia de Colombia, Carles Monclús Garriga (profesor asociado del Departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Valencia) presentó la ponencia titulada “Las actividades culturales como herramienta de transformación social y personal”. En ella, se presenta una definición de política cultural como “un conjunto estructurado de acciones y prácticas sociales conscientes y deliberadas (o ausencia de ellas) de los organizamos públicos (pero también de otros agentes sociales y culturales) en la cultura, entendida básicamente y de manera restringida como sector de actividades culturales y artísticas, pero también de manera indirecta y extensa como universo simbólico compartido por la comunidad” [Monclús, C. (2006) La intervención en cultura. Principios que deben regir las políticas públicas, en Actas del I Congreso Internacional sobre la Formación de los Gestores y Técnicos de Cultura, SARC, Diputación de Valencia]. Carles Manclús nos llama la atención sobre tres cuestiones importantes presentes en la definición dada:

1. La política cultural se hace tanto por acción como por omisión, de forma que cuando no se actúa se favorecen las manifestaciones y actividades culturales mayoritarias y que no cuestionan el orden social establecido, al ser más fácilmente promocionadas por el mercado.
2. La política cultural la hacen las instituciones públicas pero también la sociedad civil organizada e incluso las empresas privadas (como por ejemplo podéis ver en los artículos publicados en apúntateuna sobre La Qarmita y El Rincón). Apunta el profesor Manclús a que en determinadas sociedades y en determinados momentos históricos es precisamente la sociedad civil organizada la que desarrolla en mayor medida actividades culturales y política cultural (como sucedió, por ejemplo, en el Estado Español durante la dictadura franquista).
3. A través de las actividades culturales se transmiten y generan valores y visiones del mundo.

La política cultural se ha catalogado en dos modelos: la democratización de la cultura y la  democracia cultural. La primera entendida como garantía de acceso universal a las distintas actividades culturales. La segunda como derecho a ser ciudadanía activa y poder participar en el proceso creativo. Tal y como nos dice el profesor Manclús, “las actividades artísticas han sido concebidas tradicionalmente como formas de expresión, representación y comunicación de la experiencia humana, una manifestación superior del espíritu humano asociada a una determinada cultura. Pero en la medida que la creación cultural pasa a ser concebida como un derecho de la ciudadanía, pasa a tener una función integradora y relacional. La creación artística no profesional se convierte en un espacio de exploración, reflexión, comprensión y transformación de la realidad. Un espacio de encuentro privilegiado entre seres humanos que reflexionan sobre la realidad y tratan de transformarla.” Efectivamente, desde la visión de la dinamización sociocultural, se deben aprovechar las posibilidades de la creación cultural “como estrategia de acción social para el fomento de la cohesión social y el desarrollo comunitario”.

En consecuencia, tanto desde el ámbito del asociacionismo como desde el institucional, será frecuente que se organicen distintos “talleres culturales” de teatro, fotografía, música, artes plásticas… Personalmente, desde muy joven he tenido la suerte de participar en diversas experiencias, desde un cineclub en el instituto, hasta revistas y fanzines, grupos de teatro y charangas de cariz reivindicativo o happenings conforme me iba haciendo mayor. En la actualidad, aún continúo en lo de la reivindicación dicharachera (ver el artículo sobre el “Cutrechou“) y en mi trabajo, creo en lo dicho anteriormente, que las actividades culturales generan y transmiten valores y cosmovisiones por lo que es importante ser consciente de ello y saber a qué estamos contribuyendo.

Para acabar (aunque más adelante volveremos sobre este tema), me gustaría que leyeras el manifiesto que con motivo del Día Mundial del Teatro 2014 escribió Brett Bailey, dramaturgo sudafricano, director artístico de Third World Bunfight.

¿Cuál es tu opinión? ¿Te animas a contarnos tu experiencia?

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